En la novena edición de la revista "Ventana Indiscreta", publiqué un texto sobre los aspectos metacinematográficos de la película "Vértigo" de Alfred Hitchcock. A continuación, pueden leer la versión casi íntegra de la nota.
Vértigo
(1958) es probablemente la película que ha
logrado ser objeto de la mayor cantidad de interpretaciones, análisis e
investigaciones en la historia del cine. Según Inga Pellisa, en su texto "Interpretaciones
de Vértigo"(2008), las aproximaciones
al filme principalmente han sido surrealistas, trágico-románticas, autobiográficas,
psicoanalíticas y feministas. No obstante, poco o casi nada se ha dicho de las apreciaciones
metacinematográficas que puede inspirar esta adaptación de la obra literaria De entre los muertos de Pierre Boileau y
Thomas Narcejac.
La cinta de Alfred Hitchcock
que sí ha sido blanco recurrente de ese acercamiento es La ventana indiscreta (1954). Recordemos que en los años cincuenta aparecieron
varios filmes que “hablaban” del propio Hollywood, de los sets, de los rodajes
o de las relaciones entre los actores, como El
ocaso de una estrella (1950) de Billy Wilder, Cantando bajo la lluvia (1952) de Stanley Donen y Gene Kelly o Ha nacido una estrella (1954) de George
Cukor.
En efecto, La ventana indiscreta es considerada por
muchos como "el metadiscurso fílmico clásico por antonomasia" (Zumalde 2005:
11), con un protagonista (interpretado por James Stewart) enyesado y que, como
los espectadores, se mantiene sentado, en una silla de ruedas y dentro de su
departamento. Desde él, como un cineasta que decide "recortar" imágenes de la
realidad, asume la posición de un voyeur,
que desde una ventana y con un larga vista observa todo aquello que hacen sus
vecinos, lo que ocasiona que, finalmente y sin pretenderlo, se vea envuelto en
un crimen. Aquel personaje es una representación metafórica de quien ve
películas, pero también de quien las realiza.
Pues, en términos virtualizados (Fontanille 2001: 58-59),
lo mismo ocurre en Vértigo. Es una
película en la que los tres personajes centrales forman parte de una alegoría que
representa las labores cinematográficas propias de un director y un actor. Gavin
Elster (Tom Helmore), Scottie Ferguson (James Stewart) y Judy Barton (Kim
Novak) progresivamente se revelan en la ficción como los equivalentes de
sujetos que interpretan papeles y dirigen puestas en escena.
SCOTTIE COMO ESPECTADOR
Al inicio del filme, Gavin
Elster parece actuar y a la vez dirigir un thriller con inclinaciones hacia el fantástico. Con absoluta naturalidad, le
miente a Scottie, y le señala que, dada su experiencia como policía, siga a su
esposa, Madeleine, ya que esta actúa extrañamente, como poseída por el espíritu
de Carlotta Valdés, una mujer fallecida el siglo anterior. En ese sentido, Judy
Barton, quien se hace pasar por la pareja de Elster, es, más que una simple
impostora, una actriz contratada para participar en una calculada puesta en
escena en el campanario de una misión española. Así, se aprovecha de la
acrofobia del personaje de Stewart, con el objetivo de conseguir la muerte "verdadera"
de la esposa y la muerte "falsa" del "personaje" que encarna Judy.
Ese aspecto del filme
de algún modo ya había sido apuntado por Pablo Ferrando García en su escrito "Vértigo/De entre los muertos (1958). De lo cotidiano a lo sublime", cuando
afirma que "el pasado cobra vida sobre
una 'ficción' diseñada por Gavin Elster, aunque tanto Scottie como el
espectador lo ignoran" (García 2008: 54).
Siguiendo ese apunte, el esposo criminal actúa como el director que hace uso de una serie de artificios para engañar a Scottie, quien se desenvuelve, en ese sentido, como alguien que se deja seducir por mentiras escénicas, tal como ocurre con el espectador sentado en una butaca del cine.
No es casualidad también que Miguel Ángel Muñoz se refiera a Elster como un «metteur en scène del complot» (Muñoz 2008: 48).
Siguiendo ese apunte, el esposo criminal actúa como el director que hace uso de una serie de artificios para engañar a Scottie, quien se desenvuelve, en ese sentido, como alguien que se deja seducir por mentiras escénicas, tal como ocurre con el espectador sentado en una butaca del cine.
No es casualidad también que Miguel Ángel Muñoz se refiera a Elster como un «metteur en scène del complot» (Muñoz 2008: 48).
Asimismo, Faustino Sánchez (2008:66) manifiesta que Elster sería una
representación del mismo creador de Vértigo
mientras que Scottie lo sería del espectador. Judy Barton, por su parte,
encarnaría el propio arte de manipulación llevado a cabo de forma muy “cinematográfica”
por Gavin.
