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viernes, 23 de agosto de 2013

Sobre dos ganadoras del Festival de Lima: “La jaula de oro” y “Heli”


 

Las dos películas estuvieron entre lo más destacado de la competencia de ficción que tuvo la última edición del Festival de Lima. La jaula de oro se aproxima, como ya lo hizo hace varias décadas Luis Buñuel con su clásico mexicano Los olvidados, a niños que viven en medio de la miseria y la injusticia más implacables. Tres menores de edad, una que cubre su femineidad con una apariencia masculina, otro de actitudes impulsivas y rudas, y uno de raíces indígenas, que habla una lengua incomprensible para sus compañeros, inician un viaje para cruzar la frontera con Estados Unidos.  

En la opera prima de Diego Quemada-Díez, aquellos personajes conforman un triángulo amoroso que, sin embargo, a la vez les hace posible la sobrevivencia, ante los actos abusivos de la policía o de grupos delincuenciales. Los encuadres se movilizan con un leve temblor y sigue a los tres niños como si estructuraran la mirada de otro personaje más, que los acompaña con afecto. Las imágenes fluyen espontáneamente y sin mayores acentos fotográficos o sonoros, concentrándonos en la relación maternal que establece la niña con los dos muchachos. Ella trata de mantenerlos juntos para lograr el sueño americano, a pesar de los celos que se apoderan de ellos por desearla.

Lo mejor de la película son las interpretaciones (a pesar que los actores no son profesionales) y los vínculos que se establecen entre los personajes. La niña no comprende las palabras que emplea su amigo indígena, sin embargo hay una comunicación tierna entre ambos, en la que interfiere el otro amigo, quien emplea incluso la violencia para interrumpirla. No obstante, ella mantiene el control. Una vez que se desvanece la figura de la menor de edad, los vínculos emocionales de los dos chicos, sorpresivamente, se vuelven entrañables. Por eso, al final de un viaje emocionante y trágico, se ve a uno de los personajes trabajando en una carnicería y, finalmente, mirando el cielo, como viendo entre la noche los rastros de sus compañeros. Es una secuencia conmovedora, que transita de la crudeza a la nostalgia. La jaula de oro es la descarnada historia sobre una amistad que sueña con una fantasía migratoria, mientras deambula por el infierno.


 
Heli, por su parte, muestra ese “cine de la crueldad” que pudimos hallar en trabajos anteriores de Amat Escalante, aunque con una puesta en tensión de dos mundos contrapuestos, que terminan confundiéndose. Por un lado, está el mundo doméstico en el que vive un personaje llamado justamente Heli, quien vive con su familia, que incluye una hermana púber que recibe a su novio en un cuarto de decoración infantil. Dicha pareja, por su parte, viene de otro mundo, uno disciplinado y policial, en el que se entrena y da a su cuerpo movimientos maquinales y perfectos, como los personajes militares de Full metal jacket de Kubrick o Beau travail de Denis.

Uno es el mundo de la familia y la inocencia, el otro es el de la ley y el orden. Pero lo que va narrando a continuación la cinta es cómo el segundo mundo contamina al primero, a pesar que es el creado para defenderlo: el novio de la niña tiene contactos con el narcotráfico, y, de pronto, los seres queridos de Heli son atacados salvajemente por unos tipos vestidos como agentes policiales, que en realidad son emisarios de un grupo dedicado al negocio de la droga.

Es cierto que la resolución de aquella secuencia roza el ridículo, con los “policías” ingresando al domicilio de forma tan aparatosa que incluso le quiebran el cuello al perrito de la niña, representados así como villanos de maldad caricaturesca. Sin embargo, la película le da después un mayor sentido a la violencia que grafica. La niña es secuestrada y vemos que su novio y Heli son torturados en frente de niños que juegan playstation, y que incluso aprovechan para grabar con sus celulares la sesión de golpes y quemaduras a la que someten a dichos personajes.

Heli es una narración salvaje sobre la pérdida de la inocencia. Pero no sólo sobre la inocencia infantil, ante la familiaridad del horror, sino también sobre aquella del hombre común y corriente que cree en las instituciones. El protagonista sobrevive a las vejaciones de las que fue objeto, y en medio de la búsqueda de su hermana, la amenaza del mal infecta las imágenes cotidianas. La secuencia de torturas nos coloca ante la posibilidad de que el mal nuevamente aparezca, o empiece a aflorar retorcidamente: entre los juegos mecánicos de feria, o en las luces automovilísticas, que se reflejan en las lunas del vehículo de una detective policial. Ésta, le enseña a Heli sus senos de dimensiones casi monstruosas, pidiendo favores sexuales a cambio de hallar a su hermana. La investigadora le pide que bese sus pechos, como emulando un rol materno, y es que el mal en la película es un virus que se aloja en las figuras protectoras.

Por ello, el personaje principal de la cinta descubre que sólo le queda ser parte del mal para encontrar justicia. Por venganza, se mancha las manos de sangre, y mira el cielo estrellado, como sintiéndose Dios. Finalmente, va donde su pareja, le arranca la ropa y la folla en acto catártico, mientras su hermana menor, ya de regreso y muda por los abusos sufridos, escucha los gemidos de una adultez que ya aprendió a envilecerse.

domingo, 18 de agosto de 2013

El Festival de Lima 2013 en 209 palabras



Estas son algunas impresiones de lo que he podido ver en la última edición del festival, en muy pocas palabras.

La mejor película de la competencia de ficción: “La jaula de oro”, seguida de cerca por “Heli” y “Tanta agua”.

Una película casi horrorosa en la competencia de ficción: “Roa”

Películas ciertamente atractivas en la competencia de ficción: “La paz”, “Wakolda”, “El verano de los peces voladores” y “El sonido alrededor”.

Una película impactante y sólida en la competencia documental: “I will be murdered”

Un plomazo en la competencia documental: “La chica del sur”.

Dos revelaciones en el cine latinoamericano:  “Soy mucho mejor que vos” de Che Sandoval y “Solo” de Guillermo Rocamora.

Películas que, si no las han visto aún, deben obtenerse en la página o pasaje que sea: “Nebraska” de Alexander Payne, “The lunchbox” de Ritesh Batra y “El policía” de Nadav Lapid.

Dos fraudes cinematográficos: “Spring breakers” de Harmony Korine y la secuencia de Edgar Pera en “3X3D”.

Películas que se pudieron volver a ver y que, si no las han visto aún, deben verlas: “La ceremonia” de Chabrol, “Ella se llama Sabine” de Bonnaire y “A nuestros amores” de Pialat.

Dos grandes pasajes: las secuencias de Godard y Erice en “3X3D” y “Centro histórico”, respectivamente.

La mejor película que he visto en el marco de todo el festival: “Las historias que contamos” de Sarah Polley.

jueves, 15 de agosto de 2013

Festival de Lima: El amor cortés de “The Lunchbox”


Esta película hindú de Ritesh Batra es un melodrama ambientado en una India contemporánea, pero cuenta un romance que parece de otro siglo, de tiempos lejanos, marcado por formas anticuadas. Una joven mujer casada, de nombre Ila, envía a su esposo una lonchera a través de un sistema de delivery que, por error, la deja a un señor viudo y de edad madura, llamado Saajan. Aquella falla da lugar a que entre ambos se inicie una correspondencia por escrito, en hojas de papel que se guardan en cada entrega del recipiente de comida.

Así, surge una atracción entre ambos, en medio del descontento, de la insatisfacción por un marido infiel y de la soledad por la pérdida de la esposa. Los protagonistas de The Lunchbox sienten que su vida se ilumina gracias a las cartas. Esa emoción que se apodera de ellos empieza a ser notada por dos personajes cómicos, una mujer mayor y gritona y un empleado impertinente y excéntrico. La película, así, oscila entre el verbo humorístico y la fantasía platónica, expresada en encuadres sobrios y apenas acentuada por los actores, con gestos sutiles pero poderosamente sugerentes.

Hay varias escenas formidables, como aquella en que, después de numerosas comunicaciones en papel, Saajan decide buscar y ver a Ila, pero sin atreverse a hablar. Él, al sentirse demasiado viejo para ella, prefiere comportarse como un caballero andante, de aquellos que sólo podían amar a la distancia, viendo a su amada de lejos, sintiéndola como un objeto inalcanzable y sublime. Por eso, The Lunchbox, una de las cintas de ficción más atractivas que he podido ver hasta la fecha en el festival, es la historia de un amor cortés, que nace con los modos de épocas perdidas.